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La búsqueda de Mici

                    La búsqueda de Mici      
   

Prólogo


   Había leído, visto u oído innumerables historias de vampiros.

  Existen miles de películas, libros o series de televisión, con un punto de vista en común sobre ellos; que necesitan sangre para alimentarse y sobrevivir, pero en otros ítems la historia va variando, como en las debilidades, exigencias, necesidades o incluso en los poderes que se les otorgaba en sí a los vampiros. Dependiendo todo de la época en la cual se recogió la historia.

  Desde las primeras novelas literarias como; Conceptos racionales y cristianos sobre vampiros y chupasangres de Johan Christoph Harenberg en 1733, pasando también por Camilla en 1872 de Sheridan Le fanu y Drácula de Braham Stoker en 1897, hasta uno de los últimos libros que he leído como La sociedad de la sangre de Susan Hubbard. Los vampiros ya han evolucionado y se supone que ni siquiera existen.
 
  Eso me llevó a preguntarme si hay algo de verdad en todas esas historias y hasta qué punto el ser humano ha ido moldeando la figura del vampiro a su antojo, a su época e incluso a su cultura.
Si hay que remarcar una figura vampírica esa debe ser, sin lugar a dudas, “Drácula”, “El hijo del demonio” capaz de convertirse en animales y volar. El vampiro; la pura seducción del mal, simple necesidad de tomar la vida humana, de ver a los mortales luchando y padeciendo ante él ¿Cuántas historias partieron de este personaje, cuántas versiones de B. Stoker se han llegado a crear?
 

  En el transcurso de los años las historias van cambiando. En 1972, Anne Rice nos enseñaba en Entrevista con el vampiro a un resucitado, con sentimientos, con dolor y remordimientos. En sus Crónicas vampíricas nos acerca al sufrimiento de una vida eterna. Años después series televisivas como Moonligth o sagas literarias nos enseñan a vampiros que huyen de matar a personas y que ahora, incluso, pueden caminar bajo la luz del sol.
Los cambiamos a nuestro antojo y a nuestras necesidades culturales.
Estaba obsesionada con los vampiros, hay que admitirlo, pero no encontré nada en tantas y tantas historias que realmente me explicara o confirmara si alguna vez habían existido.
Busqué miles de veces en Internet.
Primero probé con “Vampiros” (un término demasiado amplio). Encontré leyendas reales de asesinos, locos o enfermos, que se les atribuyen a vampiros por macabras y escamosas, pero ninguna de ellas me convenció como para identificarlas como leyendas de vampiros reales; Probé con “Drácula” y obtuve páginas y páginas de las historias de Braham, Coppola y del castillo teutónico situado en Sighiguara /Transilvania /Rumania. Encontré la historia de Vlad Tepes “El empalador”, estremecedora y escamosa, basta saber qué es empalar para entenderlo.
Aunque no sé por qué se la relaciona con Drácula, aparte de por el castillo. Una construcción con torres medievales y su campiña, un lugar precioso, blanco, situado en lo alto de una colina, con los tejados marrones y muchas vigas vistas. He leído toda su historia desde que fue construido en 1212 y reconstruido en 1377, familias a las que había pertenecido, hasta que ahora el gobierno lo explotaba como gran recurso turístico y que pensaban devolverlo a la familia.
  Me encantaba ese castillo aunque sabía que en él no había nada de real sobre ellos, simplemente sirvió de escenario para una historia de vampiros inventada, como tantos otros lugares en tantos otros cuentos.
Necesitaba respuestas, necesitaba encontrar si alguna vez algo de todo eso fue real, tenía la cabeza llena de información sobre vampiros, pero ninguna despeja mi incógnita; ¿Existen?

Por eso decidí emprender un viaje a Europa, a los países del Este, porque todas o la mayoría de historias que había leído sobre asesinos a los que por sus crímenes sangrientos se les atribuye el nombre de vampiros, están situados en esos países y sobre todo porque quiero ver ese castillo con mis propios ojos.

                                         
                      Me llamo Alex y éste es mi viaje.








                                                

                                                    

                         
                     
                             





                                  1ª Parte
                  
                El viaje.

    




                                                   

                
                                        “Eso soy yo que al acaso
                                        cruzo el mundo sin pensar
                                        de dónde vengo ni a dónde
                                        mis pasos me llevarán.”
                                        Rimas. (Gustavo A. Bécquer)




                                                                   
                                                
1.



   Estaba en el último año de instituto.
Al año siguiente tendría que ingresar en la universidad y elegir qué quería estudiar, aunque ni tan siquiera sabía si quería seguir estudiando.
Yo debía ser la hija que estudiara una carrera, ya que mi hermano ese año (siendo su último año también) había dejado el centro a mitad de curso.
Mi padre era empresario en una multinacional americana y mi madre se dedicaba a comprar y restaurar obras de arte para después organizar subastas. Con todo eso no paraban mucho por casa.  Eso nos daba una libertad relativa a mi hermano y a mí para entrar, salir y hacer gran parte de lo que queríamos sin tener que dar muchas explicaciones. Aunque pasábamos mucho tiempo solos también.
Desde que mi hermano abandonó el instituto, mi padre se sentía defraudado; “Mi único hijo varón sin acabar los estudios y trabajando en una tenducha de música de la capital, sin poder entrar en una buena universidad para estudiar economía y administración de empresas para seguir con el negocio familiar y seguir llevando el apellido “Salas” a los altos cargos americanos, y ahora sólo queda la niña” –le había oído decirle a mi madre en varias ocasiones.
Había intentado convencerme después de eso, de que cursara lo que pretendía que estudiase mi hermano, pero mi bachillerato ya lo había escogido de letras, y tuve la excusa perfecta, aunque no por eso dejo de intentarlo.
  En lo que se refería a mi hermano habían dejado de hablarse.

  Mi hermano dedicaba el tiempo libre a su grupo de música “Los piezas”. Tocaban en el garaje de su amigo Lee, ya que mi padre le había prohibido tajantemente hacerlo en nuestro garaje, de hecho le había prohibido tocar fuera donde fuera.
  Lee era hijo de padres vietnamitas, que emigraron a nuestro país en los años ochenta. Sus facciones eran claramente asiáticas, pero su perfecto castellano, catalán, inglés e incluso alemán te hacían dudar de dónde provenían sus antepasados. Era bastante delgado y bajito (para ser chico); tenía el pelo negro como el carbón, algo por debajo de las orejas, en plan casco con la raya siempre en medio. Él era el teclado del grupo.
  El batería era Ferrán; un chico de casa bien, encerrado en un cuerpo de roquero, también era bastante delgado pero mucho más alto que Lee; siempre vestía de negro, tenía el pelo castaño muy rizado y para mi gusto demasiado largo (le llegaba a media espalda). Era muy callado.
  Y por último el guitarrista; mi hermano mellizo. Christian no era mucho más alto que yo, y aunque los dos somos rubios con los ojos verdes, en lo que se refiere a belleza; él se llevo la bolsa amniótica que la contenía toda. Llevaba el pelo por debajo de los hombros, liso, siempre como recién salido de la peluquería. Sus ojos de un magnífico verde, de un tono casi mar algoso. Tenía las facciones bien marcadas perfectas, por poco élficas (le faltaban las orejas en punta), el cuerpo con una musculatura plana (sin haber pisado nunca un gimnasio), bien marcada. Yo lo consideraba un genio, aunque se rebelase contra todo. Siempre tenía una frase de réplica a la mía y como ya dije, era guapísimo. A pesar de tener a todas las chicas haciendo cola por él, Chris no se interesaba por ninguna, salvo por su música. Normalmente él siempre me apoyaba en todo (no sin antes darme una colleja y expresarme su punto de vista), así que por eso decidí contarle mi plan e incluirlo.
Pero de camino a su habitación, que estaba al fondo del largo pasillo, (justo enfrente de la mía), mi plan me fue pareciendo cada vez más estúpido.
Como siempre, toqué a la puerta, pero no me escuchó. La abrí, estaba tumbado en su cama escuchando música en su mp4, como de costumbre cuando estaba en casa. Vestía unos vaqueros rotos en las rodillas, bastante desgastados y una camiseta vieja negra de algún grupo de música que yo desconocía. Cuando me vio puso la típica cara de “ya está aquí la pesada”. Otra cosa que hizo que mi discurso, previamente ensayado, fuera perdiendo fuerza, pero bueno, allí estaba yo, plantada en medio de su habitación sin saber cómo empezar.
-¿Has entrado en mi cuarto para algo o es que quieres formar parte del mobiliario?... ¿Qué? -Me preguntó y se quedó mirándome como a una loca.
Ya no me acordaba de cómo empezar
-Esto… -me callé.
-¿Qué? -Me repitió.
-Esto… Chris… he pensado -y volví a callarme.
-No puede ser tan malo ¿Qué has hecho esta vez? -Me miró de arriba abajo y continuó-: Si necesitas dinero, sabes de sobra que no tengo, así que te aconsejo que salgas de aquí y se lo pidas a tu padre -empezaba a ponerse nervioso.
Desde su última discusión con mi padre (cuando dejaron de hablarse) siempre que se refería a papá, él usaba la palabra “tu padre”, como si diciéndolo así, dejara de ser el suyo.
No empecé mi discurso como tendría que haberlo hecho…
-No he hecho nada malo –por lo menos aún, pensé-. Vengo a proponerte un viaje de verano tú y yo a Rumania -esperé a ver qué decía, aunque su cara ya lo dijo todo.
-¿A Rumania? ¿Por qué? Podríamos ir a un millón de sitios mejores y más divertidos -se quedó mirándome esperando una buena respuesta, que por supuesto yo no tenía, porque si volvía a decirle algo sobre vampiros, volvería a llamarme obsesionada o loca como hacía siempre.
-¿Por qué no a Rumania? Es muy bonito. Lo he visto en Internet, tiene espectaculares paisajes y castillos -no debí haber mencionado eso último.
-Castillos como el del Conde Drácula, ¿no? -y se puso a reír.
-Bueno sí -le repliqué-, pero sería una gran aventura.
-Sí, claro... ¿Has pensado en los gastos? Y en que yo no tengo un padre que me dé todo lo que quiero -se levantó y al fin dejo el mp4.
-Bueno ya, pero podríamos ir en plan mochileros en pensiones y, con tu perfecto inglés, no sería difícil comunicarse -lo estaba perdiendo.
-¿Y qué te hace pensar que los rumanos saben inglés? Allí se habla rumano y yo no tengo ni puta idea de rumano -me dijo algo grosero.
-Pues míralo de esta manera, así aprenderíamos un idioma nuevo. Podríamos recorrer Europa todo el verano -no sabía qué más decirle para convencerlo.
Se quedó pensando y al contestarme me sorprendió.
       -Mira prepárate un buen plan de viaje, que incluya mapas, pensiones y gastos. Preséntamelo y me lo pensaré -me ofreció abriendo la puerta de su cuarto invitándome salir.
       Y después dice que lleva dentro a un roquero, esa era una frase de empresario: “Prepárate un buen plan… y me lo enseñas”-Pensé.
Caminé hasta la puerta con cara de alucinación y cuando iba a salir me dijo:
-¡Ah! Y tú y yo solos, no.
Cuando oí cerrarse la puerta tras de mí, salí corriendo hacía mi cuarto, encendí el portátil e introduje en “Google”: Viaje /Rumania/Transilvania.
Estaba dispuesta al cien por cien a hacer este viaje y convencer a mi hermano. Era sólo el punto de partida, también estaban mis padres y la pasta claro.





            
                        







2.


 ¿Por qué querría Chris añadir a alguien al viaje? ¿Y a quién querría traer, a parte de su guitarra? ¿A su grupo? Lee aún, pero Ferrán, ni siquiera había cruzado más de un “hola” con él.
Podría añadir a Jacqueline, mi mejor amiga, ella y yo habíamos sido amigas desde primero cuando se cambió a mi instituto gracias al nuevo empleo de su padre. Vinieron a vivir a la Bonanova y ella y su hermana las matricularon en mi instituto.
  Jackel era un poco heavy, gótica, no sabría cómo describirla… ¿Siniestra? Siempre pensé que haría buena pareja con Ferrán. Los dos siempre de negro y con harapos aunque en su casa tuvieran suficiente capital como para ir vestidos con ropa nueva cada día.
  Bien mirado éramos una tribu de niños ricos que odiaban tener que depender del dinero de sus padres, pero que aún así vivíamos a cuenta de él.
  Sí, Jackel sería perfecta para el viaje, además compartía conmigo mi afición a los vampiros, aunque ella no se leería un libro ni aunque se lo clavaras delante de la tele (que era su adicción) sabía de todas las series, concursos, documentales o incluso programas del corazón.
  Siempre me ponía al día sobre las últimas series o películas y me contaba anécdotas de los concursantes de “Gh” de ese año. Yo me partía de risa cuando me preguntaba cada mañana si había visto lo que daban ayer, yo le respondía que no, que estuve leyendo. Se enfadaba y me decía que me pudriera yo y mis libros, y yo le replicaba que yo no intentaba que ella se leyera mis libros, así que no pretendiese que yo viera su tele.
Y aunque siempre nos estábamos fastidiando, la quería, siempre estaba allí cuando la necesitaba y aunque a veces pudiera parecer fría y distante por sus maneras, era graciosísima.
Físicamente era pequeñita, muy pálida. Dolía mirarla a sol. Con una cara pequeñita y unos grandes ojos azules oscuros, con el pelo corto, una media melena negra, (por supuesto) siempre peinada con las puntas disparadas con efecto a plumas  y en ocasiones especiales se peinaba todas las capas cortas de arriba, con gel, haciendo una cresta. Cuando se lo peinaba así, no exageraría si dijera; que tardaba una hora en conseguir que eso quedase tieso como una tabla.
Pensé en llamarla y contárselo, seguro que se apuntaba y lo de la pasta con ella no era problema, pero: ¿Le iría bien a mi hermano que fuera ella la que nos acompañase?
Alguien golpeó mi puerta
-¡Pasa! -chillé.
Era mi madre, con su melena caoba, siempre recogida en un espectacular moño, todo el mundo decía que nos parecíamos aunque yo no lo encontraba. Ella tenía la altura que a mí me faltaba y la encontraba guapísima. Cosa que a mí no.
-Alexandra, cariño, mañana tu padre y yo nos vamos a Miami -hizo una pausa-. Bueno iba a ir tu padre sólo, pero lo voy a acompañar para ver si encuentro allí algo de valor que pueda poner en mi subasta del próximo mes. Así que os quedáis solos Christian y tú -puso cara de preocupación al nombrar a mi hermano-. Por favor vigila a tu hermano, a tu padre no le hace gracia dejaros solos a los dos, pero yo sé que no habrá ningún problema, ¿verdad?
Es decir, que estaba de canguro de mi hermanito.
-No mamá, no habrá problemas -le contesté algo molesta.
-Hay comida de sobra en la nevera y el congelador. Y acuérdate que Linda vendrá a limpiar el martes y el sábado. Volveremos el próximo domingo.
-Vale mamá ni que fuera la primera vez que nos quedamos solos –estábamos acostumbrados a estar solos, de hecho demasiado acostumbrados.
No recordaba ni una sola vez en la que mis padres hubieran venido a algún acontecimiento del colegio cuando era pequeña. Siempre era la niñera que tuviéramos en ese momento (y hemos tenido muchas) la que se encargaba de hacernos fotos y enseñárselas a mis padres después. Los cumpleaños eran más de lo mismo, cuando éramos más pequeños si procuraban estar, pero al hacernos más mayores, debían pensar que un billete de quinientos euros suplantaba su ausencia. No era así pero nunca se lo dije; tampoco me importaba, me había acostumbrada a su ausencia desde niña y ahora que ya teníamos dieciocho no necesitábamos ningún tipo de niñera y eso venía bien porque hacíamos y deshacíamos a nuestro antojo.
-Lo sé Alexandra, pero es la primera vez desde… -Se calló.
-Si ya, desde que esos dos no se hablan. No haremos nada malo -la tranquilicé y pensé que era un buen momento para soltarle lo de mi viaje-: Mamá… Quiero hacer un viaje este verano.
-Sabes que eso dependerá de tu padre –me interrumpió-. Es con él con quien deberás hablarlo, por mi parte tienes todo mi apoyo cuando hables con él, pero espera a que haya cerrado el negocio que tiene entre manos, porque ahora está muy nervioso y está a la que salta -se quedó pensando y añadió-: Podrías incluir a tu hermano en ese viaje.
-Ya lo había pensado mamá -le contesté.
-Lo suponía. Bueno, entonces espera a nuestra vuelta para contárselo, así verá lo bien que os habéis portado en nuestra ausencia -me guiñó un ojo sonriéndome y salió de la habitación.
Tenía que llamar a Jackel.
No me contestó, así que esperé a que me llamara ella cuando viera mi perdida o ya se lo contaría a la mañana siguiente.

-¡Nos quedamos solos en casa! -chilló mi hermano en la puerta de mi habitación, dándome un susto que me hizo saltar de la silla.
-Ni que fuera un vampiro –se burló.
-No imbécil, es que no te esperaba chillando. No montes nada raro esta semana, está en juego el viaje -le expliqué.
-¿Qué viaje? -se burló-. ¡Ah! Ese que quieres hacer a la tierra de los vampiros, a un castillo en el que sólo vas a encontrar a turistas haciendo cola -se dio la vuelta para salir de mi habitación.
Le tiré del brazo y le dije:
-Pues no vengas, puedo hacerlo sin ti -no era verdad, pero estaba empezando a molestarme con sus bromas.
-No puedes, mamá quiere que vaya contigo.
-¿Has estado escuchando tras la puerta?
-Claro ¿Acaso lo dudabas? -me contestó aún con un tono burlón
-Pues si vas a venir deja de burlarte, eres cansino. Además ¿En quién pensabas cuando propusiste a más gente en el viaje?
-En Lee, Ferrán por supuesto y tu amiga esa “la heavy” para que tengas alguien con quien hablar -se soltó el brazo de mí con un tirón y se marchó.
Me quedé pensando:
-¿Cinco? Demasiada gente.
Necesitaba pensar un plan; estaba en blanco ¿Ir en avión, en barco, en coche? Tendría que ser una furgoneta, si no, no cabríamos todos con el equipaje además.
No sabía por dónde empezar.
Había que pensar en lo más barato y saber de cuánto dinero disponíamos.
En ese momento me sonó el teléfono, era Jackel. Le conté lo del viaje y se apuntó enseguida, igual que se apuntó ella sola a dormir en mi casa toda la semana, cuando le dije que mis padres se iban y quedó en ayudarme a preparar el plan de viaje.
En cuanto cerré el móvil, me dirigí a la cocina y me preparé un buen bocadillo de tortilla, que me zampé de un bocado sin dejar de pensar en cómo íbamos a hacerlo.
  Al subir a mi habitación me propuse leerme por tercera vez “Entrevista con el vampiro” para así despejar la mente del viaje y los preparativos. Era sin duda mi libro preferido junto también a “Rimas” de Gustavo Adolfo Bécquer.







                                                                     


















3.


 
A la mañana siguiente me desperté sin que sonase el despertador, estaba demasiado emocionada. Me puse el uniforme que consistía en una falda gris oscuro y un suéter de pico amarillo con franjas grises en los puños de mangas y cuello, no era discreto que digamos. Baje a desayunar y después me lavé los dientes y salí corriendo. Jackel ya me esperaba en la calle con su coche. Hacía dos meses sólo que tenía coche. En cuanto cumplió los dieciocho se sacó el permiso y no tuvo ni que pedir el coche, porque el día que aprobó ya lo tenía en el garaje de su casa como regalo. Siempre me pregunté qué habrían hecho con él si hubiera suspendido.
 El coche aún olía a nuevo cuando entrabas, era negro un “Peugeot 206” descapotable, pequeñito, pero muy práctico.
Abrí la puerta del copiloto y ella me saludó con un guiño
-Hola Jackel -la saludé.
-Hola aventurera, ¿Qué tal? ¿Viste ayer el programa de la cuatro? -Me sonrió
-Sabes que no, estuve leyendo -miré al volante como haciéndole un gesto para que partiéramos.
Arrancó.
Nuestro centro estaba a quince minutos de casa, tiempo suficiente para empezar a organizar el viaje, así que le dije:
-¿Has pensado algo sobre el viaje? –No me contestó enseguida, estaba pensando bien la respuesta.
-Si vamos a ser cinco y según la pasta que tengamos, hay muchas maneras de hacerlo; directamente en avión, en barco, en coche o furgoneta –se quedó pensando otro momento-. O podemos hacerlo todo en la furgo del amigo callado de tu hermano -y esperó, porque sabía que me había dicho algo que a mí me había escapado y necesitaba pensar unos segundos. Y era verdad ¿Cómo no había pensado en la furgoneta de Ferrán?
Ferrán tenía una camioneta roja “Ford Transit” de los años 70. Mi hermano me había contado que había pertenecido al abuelo de Ferrán y éste la había arreglado, cambiando en motor completamente y tuneándola a lo moderno, pero con un toque clásico. Por fuera era de un rojo fuego, el volante y toda la tapicería eran de piel blanca, en la parte trasera tenía un colchón (no quería pensar para qué) y había espacio suficiente para unas seis personas.
-Sería un viaje espectacular, recorrer Europa en camioneta todo el verano -le dije sonriendo, y dejando a mi imaginación volar hasta Europa central-. Sería una pasada de kilómetros y de países -concluí.
-Por eso sería un viaje de verano. Sin prisas ni día determinado para volver, volver cuando realmente estuviéramos hartos y quisiéramos regresar -me convenció.
-Vale, después de las clases en mi casa barajaremos las posibilidades -le dije sonriendo, por fin un poco de luz al final del túnel.
El resto del viaje lo hicimos en silencio, creo que las dos estábamos ya viajando por Europa.
Cuando llegamos al instituto encontramos a Lee. Él iba a las mismas clases que yo, pero con Jackel sólo coincidíamos en algunas. Lee tenía una beca para estudiar en nuestro centro, no tenía las mismas posibilidades económicas que nosotros, pero como alumno podríamos decir que era el mejor, incluso en alemán y latín, que para mí y para la mayoría eran bastante difíciles de sacar.
 Gran parte de nuestras clases eran en inglés, todas menos las que son otro idioma como; alemán, latín y francés o como literatura e historia de España.
La mayoría de nosotros cinco habla cuatro idiomas casi perfectamente, por eso creía que no sería tan difícil entenderse por Europa. Aunque no supiéramos rumano.
Lee se unió a nosotras con un simple “Hola” como hacía siempre. Desde que mi hermano dejó las clases, Lee se había quedado colgado y nosotras éramos su alternativa para no tener que buscar amigos nuevos o no caminar solo por el centro. No nos importaba a ninguna esa situación. A mí me caía realmente bien y era perfecto como compañero de trabajo o estudio y a Jackel le hacía gracia que nos siguiera a todas partes. Siempre se burlaba de él llamándole “nuestro guardaespaldas chino” y él se enfadaba diciendo que no era chino, sino vietnamita y que no podía ser nuestro guardaespaldas porque era del mismo tamaño que nosotras, que casi tendríamos que ser nosotras su guardaespaldas.
  La mañana pasó sin grandes acontecimientos. Yo decidí no decirle nada a Lee sobre el viaje, hasta que lo tuviéramos más preparado, sabía que él no disponía de pasta y que tendría que enseñarle un buen plan de viaje casi gratis.
No teníamos clases por las tardes.
Después de dejarme Jackel en casa, quedamos en que vendría a las seis a mi casa, entré en casa y vi una nota sobre la mesita de las llaves.

     Niños, no nos hemos podido despedir, nos han adelantado el vuelo. Tenéis de todo en la nevera y ya sabéis donde hay dinero si necesitáis.
   Volveremos el domingo. Portaros bien, pero también pasarlo bien.
                        Un beso.                  Mamá y Papá

Después de comer, fui a mi cuarto y me puse a estudiar. Quedaba un mes para los finales y necesitaba empollar.
No me di cuenta de que eran las seis hasta que me distrajo el sonido del timbre de casa.
Jackel.
Corrí hasta la puerta, abrí y allí estaba ella con una espectacular figura, se había cambiado el uniforme… diría que hasta lavado el pelo y secado. Como siempre, vestía de negro. Llevaba una gran mochila al hombro (negra por supuesto).
Advertí que yo aún llevaba el uniforme, ni había caído en cambiármelo.
Me miró de arriba abajo y como si me leyera el pensamiento me dijo:
-Sí, ya lo sé, estoy espectacular a tu lado -se rió-. ¿Me vas a dejar entrar o tendré que dormir en la puerta?
Por un momento pensé en ella durmiendo en el porche y me reí.
-No, por favor pasa –le abrí la puerta de par en par.
Directamente ella subió las escaleras. Yo la seguí. 
Entró y dejó su bolsa en el suelo junto a mi cama.
-¿Aún no has sacado mi cama? –preguntó casi chillando.
Vacilé porque no sabía si decirle que ni siquiera me había acordado.
-Bueno te esperaba a ti –mentí.
-¡Ah! pues ayúdame a sacarla –me dijo.
-¿Por qué tanta prisa? –pregunté.
-Porque si quieres que esté aquí una semana tendré que sentirme como en casa lo antes posible –se rió.
Entre la dos sacamos la cama nido de debajo de mi cama y la preparamos.
-¿Estás sola? ¿Dónde está tu hermano? –Me preguntó como quien no quiere la cosa.
-No sé, él sale a las tres, habrá esperado a que también saliera Ferrán, para ir a ensayar a casa de Lee. No me importa dónde esté -le afirmé.
-No sé por qué ensayan tanto, ni siquiera tienen cantante, ni algo que se le parezca –dijo ella con sorna.
-Sí, ya lo sé -le contesté.
Hacía meses el chico que cantaba con ellos los había dejado, se fue a estudiar a Madrid, ahora no tenían cantante, no encontraban a nadie que les gustase y por eso hacían ellos las voces. Dejaban mucho que desear.
-Bueno, cambiando de tema -le dije-. Vamos a ponernos a estudiar nuestro plan de viaje -me dirigí hasta mi escritorio.
 Ella se sentó a mi lado y empezamos buscando el mapa de Europa.
  Desde Barcelona a Rumanía en furgoneta pasaríamos por cinco países como mínimo y unas cuarenta ciudades o pueblos, si lo hacíamos en barco podíamos ir hasta Florencia así eran cuatro países y unas veinte ciudades, también podríamos llegar hasta Grecia en barco, parando antes en algún otro puerto italiano, así serían también cuatro países pero unas quince ciudades.
Apuntamos varias rutas y alternativas.
Acabamos empachadas, entre nombres de ciudades, pueblos, carreteras, caminos o pensiones.
Decidimos no centrarnos exclusivamente en un plan y los preparamos los tres, las tres rutas. Para después votarlo entre todos.
-¿Podemos dejarlo ya por hoy? –Me preguntó Jackel con cara de cansancio, ya no lucía tan esplendida como cuando había llegado-. Llevamos tres horas enganchadas al ordenador, seguro que este año apruebo geografía con todo lo que he aprendido hoy -me dijo riéndose.
-Sí, yo también estoy cansada. Vamos a llamar para que nos traigan unas pizzas -le sugerí.
-Perfecto -dijo demasiado emocionada.
En ese momento oímos el motor del coche de Chris llegar.
Me asomé a la ventana de mi habitación que daba a la parte delantera de la casa. Los vi a los tres saliendo del “Audi”.
-Viene con toda la trouppe –exclamé-. Habrá que pedir pizzas para ellos también.
-Yo no pago sus pizzas -me recriminó ella.
-Muy bien, pero tampoco pensaba hacerte pagar a ti las nuestras -le corregí.
Oí a mi hermano llamarme desde abajo y nos fuimos a su encuentro.
-Íbamos a pedir unas pizzas ¿Os apuntáis? –Les pregunté.
Todos se apuntaron.
Por fin estábamos los cinco juntos y decidí que sería un buen momento para plantear el viaje.
Jacqueline estaba encargando las pizzas por teléfono y ellos estaban discutiendo sobre la letra de alguna canción.
Me esperé a que Jackel se uniera a grupo y empecé mi discurso:
-¿Os ha contado mi hermano algo de lo que tenemos pensado hacer este verano?
-Sí, claro que se lo he dicho –exclamó él-, pero ya te dije que hay que estudiarlo y que te encargabas tú.
-Sí, ya lo sé -afirmé con rotundidad-. Eso es de lo que os quiero hablar.
Les conté todo lo que habíamos estado viendo Jackel y yo esa tarde, las diferentes opciones o rutas. Todos me miraban con curiosidad y para mi sorpresa ninguno me interrumpió hasta que acabé.
-¿Me habéis escuchado? -Pregunté expectante viendo que nadie decía nada.
-¿Todo eso lo piensas hacer usando mi camioneta, verdad? -Me preguntó Ferrán. Era la primera vez que le había oído decir más de dos palabras seguidas, y me sorprendió lo cálida que era su voz, comparada a su aspecto tan frío y distante.
-Hombre es la mejor opción, pero, si no, siempre podemos alquilar o comprar otra, pero si tú ya tienes, es un gasto menos -hice una pausa para preguntarle tiernamente-: ¿No quieres que usemos la tuya?
-No es eso –respondió enseguida-. Es que tendrías que haberme preguntado.
-Eso es lo que estoy haciendo -le repliqué-. Exponer las posibilidades para que cada uno opine y votemos. ¿Os parece bien? -Pregunté a la defensiva.
-Yo prefiero todo el viaje en al furgo -exclamó Chris.
-Yo también -le siguió Lee.
-Pues yo prefiero llegar a un puerto y de allí, ir en la furgoneta -dijo Jackel.
-Pues yo también –la apoyó Ferrán.
Me tocaba a mí desempatar o, mejor dicho, elegir cómo íbamos a hacer el viaje. Me quedé pensando:
¿Cómo será mejor hacerlo?
Todos estaban mirándome, esperando una respuesta, así que sin pensarlo solté:
-Pues a un puerto y de allí en furgo -no lo dije muy convencida, pero ellos no parecieron darse cuenta. 
Por lo menos ya teníamos una cosa decidida.
Las pizzas no tardaron mucho en llegar, nosotras comimos en mi habitación y ellos en la de mi hermano.
Al acabar decidimos ponernos a estudiar, Jacqueline iba bastante atrasada respecto a mí. Hice un gran esfuerzo por concentrarme y lo conseguí. Después de dos buenas horas de estudio, volvimos a colgarnos del ordenador y buscar más información.
Empezamos a hacernos una ruta y un mapa.