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lunes, 7 de marzo de 2011

Thomas. Cap 1. Parte 4

Tardó un buen rato en preparar el ungüento, con el que le impregnó ambos pies. La sensación del unto fue fría, pero aliviadora. Emanaba un olor a hierbas muy agradable, pero el aspecto no lo era tanto. Bien podría haber sido algún excremento de animal.

-Gracias.
-Deja de darme las gracias, chico, da las gracias cuando lo que te ofrezcan haya sido de ayuda ya. Aún no sabes si lo que te he puesto funciona. Quizás podría haberte puesto algo que más tarde te abrasara la carne.
Asustado Thomas dijo:
-Pero eso no es verdad, ¿no?
-No, claro que no. Pero sería bueno para ti no dar las gracias demasiado pronto. Igual que no debes confiar tan a la ligera en lo que te ofrecen. Debes tener más cuidado.
-Lo tendré, Señor.
-Ahora quédate aquí. Deja los pies elevados –dijo ofreciéndole una pequeña banqueta-. Deben estar impregnados y en alto durante algunas horas. Yo tengo que salir. No tardaré.
-¿A donde va? -Preguntó Thomas algo nervioso.
-Tranquilo, no veré a nadie allí donde voy. Tengo que recoger algunas cosas.

Thomas vio partir al Viejo Lems sin poder evitar pensar en si de verdad volvería y en la posibilidad de que si volvía lo hiciera acompañado por alguien del ejercito.
Se sentía nervioso, no le apetecía nada estar allí solo, el ungüento empezaba a oler diferente y la sensación fría había desaparecido dando paso a una sensación de escozor.  Pensó detenidamente en todo lo que Lems le había contado sobre su vida. Pensó en lo que un día le dijo su madre: “Thomas, no puedes juzgar una historia sin saber la verdad de todas sus partes.”            
Pero por ahora Thomas debería conformarse con la versión del exilio de         Lems. Y esperarle.
Toda la historia del Gran País ya la conocía eran los cuentos que su madre les contaba para dormir a los tres. La historia de El rey Único y su esposa, la de El príncipe Temlo y sus cuatro caballos o la que más le gustaba la de los predilectos, humanos entrenados y bendecidos por los elfos para ayudar al rey.

2 comentarios:

Diego Castro Sánchez dijo...

Preciosa muestra de tu talento literario

Un corazón enamorado dijo...

Seguimos sus pasos y los tuyos a dónde nos lleven. Siento que vamos bien.