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lunes, 2 de mayo de 2011

Thomas capítulo 8

                                            8.

              A la mañana siguiente Sam le regaló a Thomas unas buenas botas, que aunque viejas, estaban en buen estado, sin agujeros y con las hebillas en orden. Micaela por su parte le llenó el morral con higos secos, algo de carne adobada y pan. Thomas agradeció sinceramente esos detalles. Enseguida desechó sus sandalias gastadas y se calzó las botas.
         -Hasta siempre –se despidió Hanna acercándose al chico cuando éste se disponía a salir por la puerta.
         -Adiós pequeña –le sonrió. Aquella niña le recordaba a su hermana y despedirse también le recordó todo lo que dejaba atrás.
         Todos salieron. La familia se quedó en la puerta esperando ver marchar a Thomas.
         -¿No le vas a decir nada? –Le preguntó Micaela en voz baja a su marido.
         -Debería –contestó él simplemente.
         La niña levantó la vista hacia su padre interrogante.
         -Thomas –levantó la voz el hombre.
         Éste se volvió.
         -Dígame.
         -No sé si lo que te voy a decir condicionará mucho tu camino, pero debo avisarte: Hay carteles con tu rostro en los pueblos. El rey te busca y dan recompensa a quien te entregue. Y mucho me temo que no es el único.
        Thomas entendió que bien se había portado esa familia con él al no haberle delatado.
        -Muchas gracias. Tenía cierta idea –le contestó Thomas-. Aunque no entiendo muy bien tanto alboroto para que un simple chico ingrese en el ejercito.
        -Si te soy sincero; yo tampoco –fue sincero Sam.
       



    Gamaway vió desde el árbol como Thomas se despedía de la familia que le había dado cobijo aquella noche. Camuflada bajo el aspecto de su animal preferido; un búho gris. Pudo oír perfectamente toda la conversación.  

    Thomas llegó al camino que llevaba a la aldea Geji y fue allí donde decidió que no sería buena idea pasar por lugares transitados o habitados, si era verdad que lo estaban buscando y que había carteles, cualquiera podría identificarle y delatarle. Así que muy su pesar se introdujo en los lindes de la llanura Este. Sería un camino arduo y difícil, pero no tenía otra opción.
      Gamaway lo seguía de cerca, adelantándole sobrevolando su posición de vez en cuando y esperándole en alguno de los escasos árboles que reinaban en la llanura. Barajaba diferentes opciones para presentarse; Podía simplemente decirle quien era, o hacerse pasar por una chica perdida. Pero en ambos casos tendría que dar demasiadas explicaciones y mentir. Así que decidió el camino fácil: buscó con la excelente vista que le proporcionaba ser ese animal, si veía algún otro animal cerca. No tuvo suerte.
 

        La noche alcanzó a Thomas aún con muy poco terreno recorrido. Decidió descansar y cenar cerca de unas rocas que le daban de alguna forma un buen escondrijo. Sin encender ningún fuego, para evitar ser visto, sacó algo de comida y cenó.
    Gamaway aprovechó ese descanso para alejarse hasta algún camino, en busca de lo que necesitaba. Los cambiantes podían transformarse en diferentes animales, siempre y cuando estuvieran viendo a dicho animal. Tuvo que volar varias horas hasta encontrar un grupo de caballos salvajes que pastaban en la oscuridad. Una vez los localizó se posó junto a ellos y su magia actuó. Al instante su cuerpo fue contrayéndose y estirándose, sus plumas desaparecieron, su pico se transformó en una boca rellena de unos enormes dientes, sus patas se estiraron y crecieron, toda ella creció poco a poco hasta alcanzar el tamaño de un buen equino.
       Hacía años que no se transformaba en otro animal, al principio se sintió extraña, pero una vez acabó la transformación, le gustó. Los otros caballos salieron despavoridos cuando la vieron transformarse. Eso le recordó lo deprisa que ahora podía correr. Y eso hizo, se dejó llevar por el instinto del animal y corrió. Corrió como si escapase de las mismas garras del diablo. Sentía la fricción del aire sobre sus patas delanteras. Su melena ondulando al viento como su cola.
       Llegó donde dormía Thomas. Aún faltaba tiempo para el amanecer. Estaba cansada, casi exhausta. Se tumbó un poco apartada de donde estaba el chico y descansó.

2 comentarios:

Un corazón enamorado dijo...

Qué maravilla, su transformación es igual a la que sufro cuando me transformo en mis propios personajes. Como me gusta esta historia.

Merce CB dijo...

Muchas gracias. Estoy pensando como va a ser el encuentro, el primer encuentro. Tiene que ser épico.